
Ideas asociadas a las imágenes fotográficas. Una especie de sahumerio mental, mezclando cine, literatura y experiencias personales.


Un poco atemporal, finalmente voy a ver una película que me llamaba la atención y que por diferentes motivos no fui a ver antes. Hasta me enteré que ganó un Oscar a película extranjera. Se llama "El secretos de tus ojos" del argentino Juan José Campanella y tenía buena crítica por algunos lados.


Hasta hace poco entendía que sólo había dos formas de sentir pudor. La primera tenía que ver con mostrar la desnudez del cuerpo y la segunda con la del alma. En mi caso ambas han sido superadas con el paso de los años y las distintas experiencias.
De hecho para mí fue mucho más fácil desnudar mi alma, quizás porque he estado más vinculado a procesos de introspección y meditación y es algo que se va desarrollando. En cambio el cuerpo fue un proceso lento, que tuvo que tener varios catalizadores, principalmente la fotografía (primero la ajena y luego la mía) y el gimnasio.
De ver tanta imagen por Internet, de capturar y capturarme en fotografías, logré que el proceso de re-construcción del cuerpo tuviera su fin. Por mucho tiempo para mí el cuerpo eran trozos o fragmentos individuales que no se conformaban en una única estructura, quizás como una forma de autoflagelación. La desnudez del cuerpo será siempre sexual, pero no genital o coital y eso me tomó mucho tiempo en aceptarlo y reconocerlo.
Por otro lado, una larga terapia me hizo comprender no temía desnudar el alma y hablar de todos los temas prohibidos, algunos de los cuales sólo hablé una vez y creo no volver a hacerlo con nadie más. El ejercicio ahí fue también de reconstrucción de estructuras y soportes de mi personalidad y de mi yo, o al menos un reacomodo de las fisuras y grietas principales.
Pero hace un tiempo me vi enfrentado a un pudor distinto y obviamente por ende no considerado. Y claro, tiene que ver con una esfera de mí que sólo se podía considerar superando los temores anteriores y con ayuda de la más moderna tecnología.
Y el hecho de que la fotografía que encabeza este texto haya sido vista por escasas personas, revela el pudor que me generó. Esta nueva imagen interna además es el testimonio ineludible de un diagnóstico, de un punto de partida en mi caso irreversible sin cirugías y remedios de por vida. A diferencia de una fotografía del cuerpo, donde uno congela un instante para que este sea perdurable y en el caso del alma donde un sentimiento se ve en acción, en esta imagen sólo se comprueban las sospechas médicas, que sólo un especialista logra identificar.
Y me convierto en un objeto de estudio, en una patología que se cuelga a mi cuerpo interno, cuyo funcionamiento conocía en términos generales, pero nunca había visto. Cuando recibí el diagnóstico y todo lo que vino después me sentí un HPB, más que una persona que padecía un HPB. Y vaya que la diferencia no es trivial.
Mi entonces médico me preguntó si deseaba ser conciente del examen que obtendría esta fotografía, o prefería anestesia total para evitarme las molestias y la tensión de ese examen invasivo. Y mi mente me advierte que evitar el dolor es algo lejano a mi ser, por lo que le respondo que prefiero ser conciente, que prefiero armar la ontología de este nuevo proceso, más que evadir como un cobarde.
Y bueno, el proceso ontológico bautizó a esta nueva dimensión como Gadget, porque finalmente el cuerpo interno es un objeto que funciona las 24 horas del día y que más encima sólo fui conciente de él por otro aparato.
¿Qué se hasta hoy de Gadget?.... la primara cosa es que tiene una edad propia y que en algunos aspectos resulta ser mayor que mi cuerpo y mi alma. El médico dice que los HPB son para personas sobre los 60 años por lo que es bastante mayor que mis otros yo. Y pensar además que Gadget tiene una curva de desarrollo y que inevitablemente luego vendrá su deterioro, pusieron en alerta a todo mi ser y por un tiempo logró tener toda la atención requerida. Lo otro que descubro es que a diferencia del cuerpo, que es sensibilidad y estética, Gadget es funcionalidad y morfología.
La irrupción de Gadget generó una revolución, que he intentado mantener bajo control, pero no ha resultado fácil. Al diagnóstico de HPB se le sumaron algunos otros y la primera cirugía que me realicé fue un desastre, que hasta hoy afecta especialmente mi alma. Llevo casi el año sin prestarle nueva atención a Gadget, pero para este nuevo periodo que estoy viviendo, requeriré un chequeo o un nuevo diagnóstico.
A modo de conclusión creo que este nuevo pudor ha tenido que ver con la evidencia de la mortalidad, de que también puedo ser incorporado como un número, parte de una estadística y de que este reloj biológico no se detendrá. Bienvenido señor Gadget.
Hoy es el tiempo de cerrar un ciclo, el que abrí hace cinco años atrás torpemente, inmolando los futuros recuerdos de lo que había sido una bonita relación, pero que por su asimetría había llegado a su fin. No dimensioné que ese volver se convertiría en una maldición y esa acumulación de malos ratos y ofensas que hacen que hoy llegue a odiar aquello que amé alguna vez.
En la literatura clásica, una carta ha sido motivo de muchos desenlaces, algunos trágicos y otros afortunados. Ejemplos de ellos son variados, tales como el correo humano de Miguel Strogoff de Julio Verne o Werther de Goethe, sin mencionar que gran parte de la historia se reconstruye a partir del desarrollo epistolar de sus protagonistas.

No ha quedado otra que volver a derribar para ver si esta vez la estructura se sustenta por si sóla.
charla existencial, cargada de matices y de reminiscencias a lo relativo.
terrestre. Deja de pensar y cuéntame,
ya se que ayer estabas junto a él
y hoy se ha ido
Ya se que has compartido junto a él
la noche tibia y el amanecer
ya se que has descubierto junto a é la dicha
Ya se que se ha parado tu reloj
pero ahora mismo vas a echarlo andar
es pronto para dar por un amor, la vida
Bailaremos un vals,
tomaremos de pues una copa de más
y hasta que salga el sol,
bailaremos al son de una vieja guitarra
Brindaremos por ti,
Brindaremos
por él por que le vaya bien
y mañana verás que es mejor olvidar
que llorar por amor
Brindaremos por ti,
Brindaremos
por el por que le vaya bien
y mañana verás que es mejor olvidar
Que llorar por amor
Vuelve a sonreír olvídale
La vida es ancha y estos golpes del amor
Se olvidan
Después de cada noche nace un sol
y vuelven las gaviotas a volar
Después de la tristeza nacerá, la dicha
Y si hoy te han maltratado el Corazón
Y duerme junto a ti la soledad
No importa porque empieza un día mas la vida
Bailaremos un vals,
tomaremos de pues una copa de más
y hasta que salga el sol,
bailaremos al son de una vieja guitarra
Brindaremos por ti,
Brindaremos
por el por que le vaya bien
y mañana verás que es mejor olvidar
Que llorar por amor
Brindaremos por ti,
Brindaremos
por el por que le vaya bien
y mañana verás que es mejor olvidar
Que llorar por amor

A partir de mi último posteo en este sitio, conversé en virtual y en verbal con un par personas y todos coincidían en lo mismo. Mi último mensaje no había sido comprendido, ya sea porque el receptor tenía el cable desconectado o porque sencillamente no quiso leer las palabras por su contenido, sino que sólo por su forma, por cobardía o por pedantería. De hecho una amiga quería que escribiera una carta de desagravio indicando lo poco "polite" de la respuesta y me hizo un borrador en su perfecto inglés, el que finalmente no envié.